sábado, 18 de junio de 2016

Pensar o emocionarse; he aquí la cuestión

El próximo 23 de junio se celebrará en el Reino Unido el referéndum para decidir si ese país continúa perteneciendo a la Unión Europea o no. Independientemente del resultado, cabe preguntarse qué impulsa a la gente a votar una cosa u otra.
Las opiniones que expresan los
 británicos son del tipo: “Queremos gobernarnos y que no sea Europa la que nos gobierne”, “Está decidido. Voto al Brexit. Alea jacta est”, “Europa lastra nuestro futuro”, “Queremos seguir siendo como somos”… solo demuestran que en la mayoría de los casos la decisión no es el producto de un razonamiento sino emocional.
Desgraciadamente, vemos como la política utiliza cada vez más los argumentos emocionales. Y cuando surge un filón emocional, los políticos no dudan en explotarlo para atraer al votante aunque el manejo de esas emociones resulte luego incontrolable.
Y ese descontrol existe. Algunas “Personas Altamente Implicadas a Nivel Emocional” (PAINE) llegan a identificarse de tal manera con la idea propuesta que radicalizan sus posturas más allá de lo que la sana convivencia recomienda. Hay grados de radicalización. Los casos más extremos corresponderían a aquellas mentes, probablemente perturbadas, que se implican hasta un alto grado de violencia; véase el caso de Jo Cox. Sin embargo hay otros niveles de radicalización menos extremos pero que marcan tendencia. El insulto, en especial a través de internet, donde impera cierto anonimato, está a la orden del día cuando un PAINE entra en una discusión. Pocos argumentos y muchas descalificaciones.
Ya se sabe las ideas adquiridas emocionalmente no pueden cambiarse desde el raciocinio.
En definitiva, como decía en una de sus canciones Georges Brassens:
“Morir por las ideas, la idea es excelente, pero yo estuve a punto de morir por no haberla tenido ya que todos los sí que la tenían, berreando como locos, me cayeron encima.”

miércoles, 1 de junio de 2016

El artista del alambre


Declaración a declaración, decisión a decisión, Pedro Sánchez sube la apuesta. 

Accedió a la secretaría general del PSOE apoyada por Susana Díaz a cambio de no presentarse como candidato a las elecciones generales. Pedro dobló la apuesta presentándose y enemistándose con ella. Se empezó a hablar de un cadáver político.

Tampoco le tienen simpatía, por diversas razones, Zapatero, Rubalcaba, Madina… Pedro Sánchez apostando por un  resultado que le aupara a la presidencia del gobierno y no dejara dudas sobre su liderazgo.

Los resultados del 20D lo dejaron en la peor situación posible. Un pacto  PP-PSOE garantizaba una mayoría suficientemente holgada. ¿Cómo se hubieran tomado esto los votantes? 

Un pacto por la izquierda PSOE- Podemos-IU hubiera contentado mejor a su electorado, pero la imposición de los poderes económicos abortó ese pacto antes de que naciera. El cadáver empezaba a oler.

El golpe de efecto del pacto con Ciudadanos y una investidura fallida le devolvieron el protagonismo. Pero complicaba la siguiente campaña electoral. A pesar de ello, el cadáver seguía caliente. Volvió a ser candidato.

El acoso interno en precampaña (Susana Díaz, Chimo Puig…) y las encuestas se añaden a las declaraciones del candidato que a menudo arrojan piedras a su propio tejado. Las últimas declaraciones vetando un apoyo a un gobierno del PP reduce su margen de maniobra a dos opciones: reeditar un pacto de dudosa efectividad con Ciudadanos o pactar con Unidos Podemos, en contra de las presiones a les que sin duda se le someterá.


Siendo como es un funambulista, no hay duda de que Pedro Sánchez nos volverá a sorprender. Pero no olvidemos que caiga desde la altura que caiga, si es que cae, recalará en un generoso consejo de administración donde podrá vivir un privilegiado retiro dorado. Con esa red es más fácil ser artista del alambre.