Hoy, 31/5/2106, podemos leer en el diario EL PAÍS
una noticia titulada “Los grandes empresarios defienden una Europa unida
frente al ‘Brexit‘. Alertan de que
la salida del Reino Unido reduciría la prosperidad europea”.
A estas alturas, a nadie puede caberle ninguna
duda de que la Unión Europea, lejos de aproximarse a esa vieja idea romántica
orientada a la creación de un territorio rico en diversidad humana con objetivos
comunes, no es más que un gran mercado donde los poderes económicos campan a
sus anchas. Y si algún aspecto les incomoda para hacer y deshacer a su gusto, tienen
a su brazo político, esos partidos del sistema que la gente empieza a dejar de
lado. A través de esos instrumentos dictan leyes “democráticas” que les allana
el camino hacia el lucro. Cuanto más, mejor. El precio no tiene importancia.
Recortes en salud, educación, desempleo, desahucios, pobreza… Ya se sabe. La
ley del mercado.
Ese sistema, cuyo fin es el dinero y el poder, no
ha dejado de crear injusticia y desigualdad. El índice de Gini que mide la desigualdad
ha aumentado un 16% en 6 años (2007-2013).
Y me pregunto, cuando los grandes
empresarios hablan de prosperidad ¿de qué prosperidad hablan? Entendiendo que
la prosperidad es el curso favorable, propicio o venturoso de las cosas,
resulta difícil hallarla en un país cuyos indicadores sociales alcanzan niveles
paupérrimos. En una situación de creciente desigualdad los únicos sectores que
prosperan son los de los más poderosos.
Dicho lo dicho, me pregunto si los grandes empresarios no estarán utilizando una sinécdoque (figura literaria en la que se designa el todo por la parte). Debemos entender que cuando hablan de prosperidad europea se están refiriendo a su propia prosperidad.
Dicho lo dicho, me pregunto si los grandes empresarios no estarán utilizando una sinécdoque (figura literaria en la que se designa el todo por la parte). Debemos entender que cuando hablan de prosperidad europea se están refiriendo a su propia prosperidad.
cpc 2016
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